Al final de Peter y Wendy, la niña le promete a Peter Pan que no crecerá, que será una niña para siempre.
Unos años más tarde conocemos a otra niña. Ruth Kenthon tiene 13 años, lee a todas horas y vive en Londres. Una noche la despierta la inesperada visita de un niño en busca de su sombra perdida. Ruth, su hermana Kate y Peter emprenden el viaje a Nunca Jamás, el lugar ideal para afrontar el miedo a crecer, al olvido, al amor y a la muerte. ¿Puede la promesa de una niña dictar el destino del País de Nunca Jamás? ¿Es verdad lo que cuenta Peter sobre la isla? ¿Quedan piratas por combatir e indios a quienes salvar? En la traición de Wendy se encuentra la clave de todas estas preguntas, pero como Wendy haya crecido no habrá vuelta atrás.
Una novela oscura que ofrece múltiples preguntas y respuestas, sorpresas, lágrimas y corazones encogidos.

martes, 27 de octubre de 2020

Cuando mueren los libros

 He pospuesto esta entrada del blog porque era demasiado triste,

A principios de año, antes del Covid, pasaron dos cosas:

Por un lado, me escribieron de la editorial Berenice para anunciarme que, tras diez años de la edición de La traición de Wendy con ellos, iban a descatalogar el título y el libro estaría fuera del mercado, aunque a cambio yo recuperaría los derechos de edición del mismo.

También aquel enero ya lejano viajé a Londres y, después de tanto tiempo, decidí releer mi primer libro en el vuelo. Fue una experiencia muy curiosa: gracias al paso del tiempo, resultaba extraño leer esas palabras escritas por un yo joven e inexperto, ahora que podía hacer una lectura analítica y más exigente del mismo. Al fin y al cabo, resultaba como leer el libro de un extraño. Recuerdo que lo devoré, que me di cuenta de que el ritmo era magnífico y había algunas ideas estupendas que no recuerdo haber tenido nunca. Me gustó ese libro escrito por el Jose joven e inexperto.

 Hay libros que son eternos. Generación tras generación, enamoran a lectores y vuelven a editarse y reimprimirse a pesar del tiempo, la censura, las modas. Es el caso, sin ir más lejos, de Peter Pan.

En estos diez años que median entre mi primera publicación y estas palabras he escrito mucho, he publicado muchas historias. Sigo escribiendo, pero La traición de Wendy sigue ocupando un lugar muy especial en mi corazón. Por eso este anuncio a comienzos de año me provocó tal desazón. Cuando mueren los libros, las editoriales los destruyen; traté de recuperar un buen puñado de ejemplares para mí, pero en definitiva el libro se encuentra fuera del mercado.

Diez años de viaje, no ha estado mal. Ahora cabe preguntarse cuál será la próxima parada...

Hyde Park, enero de 2020

Hyde Park, enero de 2020

viernes, 23 de octubre de 2020

Sobrevolando la ciudad

 Tal y como comentaba en la anterior entrada de este blog, para la portada de la primera edición de La traición de Wendy se utilizó una ilustración de 1904 obra de Charles Buchel, "Untitled Poster for Peter Pan".

Justo esta semana, casi por casualidad, he descubierto otra pintura de un parecido asombroso, casi como pasada por el tamiz del tiempo, como lo que se logra ver al otro lado del espejo.

Aquí os presento "Sobrevolando la ciudad", obra de Marc Chagall pintada en 1918.



viernes, 18 de septiembre de 2020

Las ilustraciones que acompañan el libro

 Hace ya la friolera de diez años mostraba aquí la portada de La traición de Wendy, con mucha ilusión y algo de miedo. Sin embargo, hasta ahora no os he hablado de las ilustraciones que acompañaban a la edición de Berenice.

La portada, por un lado, es una ilustración de 1904 obra de Charles Buchel, "Untitled Poster for Peter Pan"


Por otro lado, no menos importante es la ilustración interior, en las guardas del libro, con una hermosa imagen obra de un artista, John Hassall, que ilustró numerosos pasajes de la novela original de James M. Barrie como la derrota de los piratas o la laguna de las sirenas. Estas láminas -o al menos sus reproducciones- se pueden conseguir fácilmente online, por si a alguien le interesa.

En cuanto a la escogida para las guardas de La traición de Wendy, el editor se decantó por la llegada de Peter Pan al dormitorio de los hermanos Darling. "The arrival of  Peter  Pan" (1907):





viernes, 21 de diciembre de 2012

Nuevo libro: Nosotros, que poseemos la tierra


Ya está aquí. Nosotros, que poseemos la tierra ha llegado finalmente de imprenta y pronto verá la luz. Este libro tiene algo de importante: se trata de mi primera publicación propia tras La traición de Wendy, además de mi primer libro de relatos. Entre tanto, ha habido colaboraciones, participación, antologías, etc, aunque ésta es la definitiva. El libro nuevo de Jose.
     Además, viene con premio (XXI Premio de Literatura para Escritores Noveles 2011) y se trata de un testimonio literario y vital. Quien me conoce sabe lo mucho que me vuelco en cada relato, cada novela, cada proyecto literario. Es inevitable verter una parte de ti en cada escrito, y este libro, que se dilata en el tiempo, es una especie de colección de Horrocruxes que, reunidos, pueden dar la pista definitiva sobre mi recorrido y mis posibilidades en el mundo de las letras. Aún más, me atrevo a decir que lo hace. Los diez relatos que componen Nosotros, que poseemos la tierra fueron escritos en momentos vitales muy distintos entre sí, aunque con un componente común: la comunión entre la tradición y el misterio. El terror como forma de entender la tierra. Con dieciséis o diecisiete años escribí el más antiguo; el último, hace un año, con veinticuatro. Algo debe haber cambiado ahí. Sin embargo, me he negado a fechar los relatos o a ordenarlos cronológicamente. Creo que a la entereza del testimonio contribuye este desorden que parte, no obstante, de manera casi accidental, del poema que sirve de hilo aglutinador del conjunto, "Un español habla de su tierra", de Luis Cernuda. En definitiva, diez relatos originalmente concebidos de manera independiente que, al presentar rasgos comunes, dieron lugar a este librito, desde luego no el mejor, no el más atrevido, no el más valiente, pero desde luego mío. Por si fuera poco, logré que Mario Cuenca Sandoval, autor al que admiro y leo y releo, me prologara.
     Con algo de suerte, en enero-febrero verá la luz Nosotros, que poseemos la tierra. Entonces, llegará el momento de moverlo por la geografía española con una serie de presentaciones y actos promocionales. Sólo os puedo adelantar un precio de escándalo, sobre 8 euros. Eso, y que la cita que abre el libro es un fragmento del tema "Strange fruit", popularizado por Billy Holliday.


Si bien no he podido escoger la portada, la mía
 habría sido algo parecido a esto

sábado, 26 de noviembre de 2011

Presentación en Jaén: Los cines somnios

Me han invitado a presentar el libro de una escritora con la que tengo muchas cosas en común, Patricia García Rojo. Ambos somos de Jaén, veinteañeros, ganamos el premio convocado por el Instituto Andaluz de la Juventud y hemos publicado en Berenice. Por si fuera poco, ambos nos movemos en el fantástico, ese hilo que derrite la fantasía y hace nuestros mundos posibles.
     La presentación, por si a alguien le interesa, tendrá lugar el jueves 1 de diciembre en la biblioteca de Jaén a las 7 de la tarde. Conversaremos animadamente con los asistentes y entre nosotros, ya que esto se trata de hacer un acto ameno donde la imaginación de Éldonon inunde a todos los presentes. No os lo penséis dos veces, será divertido :)

LOS CINES SOMNIOS

Después de iniciarse en el mundo de Éldonon, el reino desde donde se introducen todas las criaturas imaginarias en nuestra realidad, y de vivir en la Fábrica Creátor, Carlos volverá a la tierra a la que pertenece para formarse en los Cines Somnios. Abandonado prácticamente a su suerte, nuestro héroe aprenderá a crear sueños y pesadillas para los humanos. Pero, ¿qué ocurrirá si algo se le escapa de las manos?¿Y si por la noche el número de pesadillas comienza a crecer desproporcionadamente? ¿Cómo afectará eso a Éldonon? ¿Y a la Tierra? En un escenario desconocido, y acompañado de sus viejos amigos, Carlos tendrá que lidiar con una nueva amenaza de la inquietante Igua, pero también consigo mismo porque, dentro de él, se desatará un poder que nadie podrá controlar.
Tras el éxito del primer volumen de la saga, La Fábrica Creátor (ganadora del certamen de Andalucía Joven de Narrativa 2007), siguen las aventuras en Éldonon, un mundo abierto a la imaginación.

lunes, 24 de octubre de 2011

¡Que nos vamos a Andújar!

Hoy ha sido el Día Mundial de la Biblioteca. Para celebrarlo, he visitado una y he sacado tres libros: dos del polémico Alberto Olmos y El ladrón de morfina del grandísimo Mario Cuenca Sandoval. La intención es leerlos a destajo. Tengo muchas cosas por leer este año, y eso es bueno. Aprovecho los viajes para ver películas y leer, y escribo cuando llego a Madrid y me pica el gusano. Y últimamente me pica bastante a menudo. Ya sabéis que trabajo en una nueva novela más compleja, ambiciosa y difícil que La traición de Wendy. Queridos niños me está costando, pero creo que vale la pena, porque ya ha nacido la magia en varias ocasiones. Los personajes están demostrando tener miles de recovecos, y la historia un sinfín de posibilidades. Mientras tanto, sigo de lleno con muchos proyectos paralelos, a cada cual más interesante.
Leo hoy en el diario Jaén una noticia sobre el Día de la Biblioteca, y resulta que al final del artículo hablan de mí: Además, se celebrará un encuentro literario con el escritor José Alberto Arias Pereira, ganador del Premio Andalucía Joven Narrativa 2009 con “La traición de Wendy”.
Efectivamente, aunque ya lo anuncié tengo una cita literaria en Andújar. Nunca he estado allí, de modo que será un motivo más para la alegría. El encuentro con chavales de institutos de la ciudad, gestionado por el Centro Andaluz de las Letras, tendrá lugar en la Casa de la Cultura a partir de las 12 y media. Supongo que hablaremos de los libros que nos cambiaron la vida, de en qué consiste escribir, de para qué escribimos... Leeremos fragmentos, propondré alguna dinámica para relajar el ambiente e intentar que eso sea lo más parecido a un festín literario.

Pues eso, si alguien quiere pasarse, nos vemos el jueves por la mañana en Andújar  :)

Póster de presentación de la novela Queridos niños

martes, 13 de septiembre de 2011

Próximas citas

No, esto aún no ha acabado.


Hoy mismo me han llamado para confirmarme que la semana que viene, el jueves por la tarde, estaré en Córdoba escribiendo cuentos y poemas a sueldo, es decir, a cambio del precio simbólico de un euro. No, no es que me haya vuelto loco de repente o esté tan necesitado (que también) sino que me han vuelto a invitar al festival Eutopía, tal y como ya hice el año pasado. En concreto, mi actividad no es ni más ni menos que "creadores a sueldo", que tendrá lugar en el Boulevard de la Creatividad la tarde de 6 a 9. Allí, quien quiera acercarse se llevará un cuento o poemita improvisado, una carta de amor, lo que surja. Será divertido. Espero escribir mucho en esas horas. Espero cambiar alguna vida, o al menos sacudirla. Si tengo suerte, esa misma noche iré a la Filmoteca a ver REC, que vale la pena volver a verla en el cine.

Un poco más adelante, el 27 de octubre, tengo programado otro encuentro , en este caso con jóvenes lectores. Tendrá lugar a las 12,00 en la Casa de la Cultura de Andújar, todo ello dentro de los Encuentros con autor promovidos por el Centro Andaluz de las Letras.

¡Ah! Y no creáis que queda ahí la cosa. Próximamente tendréis noticias de varias publicaciones donde aparece mi nombre, ya sea en poesía o en relato, en novela o en traducción, pero todo a su tiempo. Un adelanto: Poetas del 15M


miércoles, 31 de agosto de 2011

Reseña en Calabazas en el trastero



Esta es una novela imperfecta y maravillosa. Reseñarla va a ser, por lo tanto, complicado, así que empezaré por señalar dos elementos objetivos: se llevó el Premio Andalucía Joven de Narrativa en el 2009 y es un homenaje a la obra de Barrie y, por lo visto, a un disco de Ismael Serrano que no he oído.
El argumento nos lleva de vuelta a Nunca Jamás, pero a un Nunca Jamás que sí ha sufrido el paso del tiempo, que ha cambiado. En cierto modo, ha madurado, ha crecido rompiendo la premisa básica que la convertía en una tierra de sueños, y, por lo tanto, se ha sumido en el territorio de la pesadilla. La clave, como no podía ser de otra forma, está en Peter Pan.
José Alberto Arias ha tomado la mitología que creó Barrie en torno al personaje y la ha hecho evolucionar hacia derroteros siniestros. Si ya de por sí tenía un componente inquietante -como lo tienen muchas de las fantasías de los niños-, en las páginas de La traición de Wendy se sumerge de lleno en lo macabro y lo cruel. Estamos ante una obra de fantasía oscura en el pleno sentido del término: la fascinación y el horror se dan la mano.
Al mismo tiempo, el autor no ha renunciado al tono de fábula, y aquí está uno de los puntos cuestionables de la obra, una de sus imperfecciones, pues parece más dirigida a literatos que a lectores. Sí, el tono de cuento encaja con el planteamiento de clásico pervertido, pero, al mismo tiempo, crea un distanciamiento con el lector que hace que la historia sea inesperadamente fría: aunque los personajes están bien perfilados y hay momentos emotivos, no se crea una auténtica tensión. Más bien, tenemos la impresión de estar en un macabro museo de cera.
Esta vocación erudita se refleja también en los numerosos juegos metaliterarios, en las referencias a otras obras, en el cierre a modo de muñeca rusa, en la manera en la que se estructura el relato y se van revelando los misterios del nuevo Nunca Jamás. Estos elementos no son accesorios, no rompen con la coherencia de la obra, pero, al mismo tiempo, envenenan su espíritu romanesco, ponen demasiado de relieve la tramoya, el carácter ficcional del reparto, el juego al que se ha entregado el autor.
Tras su lectura, la novela me genera sentimientos encontrados. Me parece una gran obra, llena de ingenio y de vitalidad, de fuerza y de valor. También me parece una novela con aristas, un viaje que en algún momento pierde el rumbo o que, al menos, navega hacia este por aguas que no le convenían, aunque lo haga deliberadamente.
Sin duda, José Alberto Arias es un autor que dará mucho que hablar. A pesar de su juventud, y de ser esta su primera novela publicada, muestra en estas páginas mucho más talento del que he encontrado en muchos libros. Y, aunque las aristas mencionadas puede que no hagan de este libro un bocado para todos los paladares, no han impedido que La traición de Wendy sea una de las lecturas que más he disfrutado en los últimos tiempos. Y no solo por mi debilidad por Peter Pan. Una obra muy recomendable para quien quiera conectar, más que emotiva, intelectualmente.

sábado, 23 de abril de 2011

Día del libro (aunque llegue tarde)

Hace algo así como un año nació La traición de Wendy. Apareció en las librerías, en los escaparates de Irún y Granada, en los cortesingleses y lascasasdellibro y demás sitio. Entonces, la gente se volvió loca y empezó a comprarla y a pedir en la FNAC porque no encontraban el libro, y lo habían colocado en la sección de literatura infantil. También empezó a venir gente y más gente a las presentaciones, y yo a viajar y a hablar de esta maravilla que es la escritura y son los libros en Antequera, Sevilla, Jaén, Granada, Huelva, Córdoba... y pude conocer a más escritores maravillosos de muchas partes y a sentir que esto de la literatura tenía algo bueno.
Porque publicar un libro me ha hecho más feliz, como el día de la presentación de la novela en Granada, un día que lo pasé genial, que estuve rodeado de amigos y familia, un día en que no cabía en mi pecho.



Por eso desde aquí sólo puedo animar a quienes escriben a que lo sigan haciendo, a los que leen a que sigan devorando las páginas, a los libreros y bibliotecarios a que sigan siendo fieros guardianes y consultores de la cultura. En definitiva, a que la literatura nunca pierda la posición que le corresponde.

domingo, 10 de abril de 2011

Peter cumple 100 años

Sí, este año, lo cual me viene estupendamente.
Me dice una amiga bibliotecaria que entre los packs de libros-aniversario que envían a bibliotecas y entidades públicas, hay un ejemplar de La traición de Wendy. Además, el mes pasado me realizaron una entrevista para el especial que preparaba la revista Leer. Aunque al final esto quedó en una mención y poco más, os dejo a continuación la entrevista completa, por si a alguien le interesa a estas alturas. En cuanto tenga las fotografías de la revista, las subiré aquí para los curiosos.
Por cierto, ésta es la portada en cuestión:


ENTREVISTA



1. ¿Por qué decidió escribir una “contranovela” sobre Nunca Jamás?
En realidad la premisa era bastante simple: reescribir Peter Pan y Wendy en clave de terror. Fue más adelante, cuando la aventura había tomado vida propia, cuando Ruth ya estaba en Nunca Jamás, cuando descubrí que no bastaba con la propuesta de una contranovela, sino relacionar la original con la aventura de mis protagonistas. De hecho, una vez acabada comprobé que La traición de Wendy no es sólo una continuación. La definiría mejor como una consecuencia de lo que sucede al final del clásico de Barrie.

2. ¿Cómo define al Peter Pan de su novela? 
Es un niño triste, pero no lo sabe. Es un niño que ha vivido experiencias que sólo pueden asumir los adultos, de modo que ha perdido esa mirada limpia e ingenua que tenía. Muchos lectores lo odian, pero sigo convencido de que no es más que la víctima de la novela, el único que sale perdiendo. Después de todo, él sólo quiere que la noche en Nunca Jamás junto a Wendy no acabe nunca.

3. ¿Cómo se documentó en relación a James Matthew Barrie y su obra para escribir La traición de Wendy?
Obviamente, lo primero que hice fue leer Peter Pan y Wendy, una historia que todos conocemos, aunque nadie recuerda. A ello me llevó un directo de Ismael Serrano de su disco La traición de Wendy, donde contaba el final de la novela: usé los títulos de las canciones como capítulos de mi novela. Después de escribirla, claro está leí Peter Pan Rojo Escarlata para ver cómo había planteado su autora la posible continuación. También utilicé información, donde hay muchísimos estudios y curiosidades sobre Peter Pan y Nunca Jamás que me fueron bastante útiles.

4. ¿Cómo le influyeron las películas -cuáles- sobre Peter Pan? 
En cuanto al cine, traté de huir de al versión edulcorada que hizo Disney, ya que me interesaban más los aspectos oscuros o dramáticos de la obra. Es obvio que Hook, por la idea de reinterpretación de la novela, estaba presente en todo momento, pero en cualquier caso aposté por otros referentes: literarios (Poe, Lovecraft, El señor de las moscas…), televisivos, cinematográficos (American beauty), musicales (Nina Simone, Vetusta Morla, Ismael Serrano…). Considero que la literatura no se entiende sin las demás formas de arte.

5. ¿Cuál es su opinión sobre el mito de Peter Pan?
Creo que Peter Pan establece las bases de muchos personajes literarios imprescindibles —el primero que me viene a la mente, por el miedo a crecer, es Holden Caulfield—, pero es que además en la actualidad, sobre todo en España, la niñez-adolescencia se está prolongando hasta bien entrados los veinte años en lo que podemos considerar el socorrido “síndrome de Peter Pan”, esto es, la negación a madurar. También sienta Barrie, junto a otros autores como Carroll, las bases de la literatura infantil: personajes inocentes, tono mágico, mirada limpia…

6. ¿Y sobre Peter Pan Rojo Escarlata?
Leí Peter Pan Rojo Escarlata poco después de concluir La traición de Wendy, aunque había oído sobre él bastante antes. Hay que tener ene cuenta que Rojo Escarlata es el resultado de un concurso público en el que cientos de obras compitieron por convertirse en la continuación “oficial” de la novela de Barrie. No obstante, creo que no logra captar la magia que desprende la original, aunque el tono infantil está muy logrado. Tiene ideas muy bien llevadas, aunque otras no tanto. Por ejemplo, no rompe con el origen de la historia de Peter Pan, cuando mi intención era todo lo contrario: romper con el tono, con las relaciones entre los personajes y narrar una historia honesta. Eso es, creo que La traición de Wendy puede gustar más o menos, pero desde luego se trata de una historia honesta.

domingo, 13 de febrero de 2011

sábado, 22 de enero de 2011

Resucitarlos

No hablaré de zombies, fantasmas y otras falacias. Voy a hablar de libros. De sus cortas vidas, de su tristeza. Hay en el mundo miles de millones de libros que no tenían que haber nacido. Libros que alguien compró, leyó y dejó en un estante, y ahí están. Libros que ni siquiera leyeron y están en su estanque. Libros maquetados para decorar estanterías, a cuyos secretos y tesoros permanecerán ajenos sus dueños. Mientras tanto, hay en el mundo miles de millones de personas que no saben o no tienen la ocasión de poseer un libro.

Siento fascinación por las bibliotecas. Esos templos de papel llenos de libros aventureros, vividos, sufridos. Libros que la gente ha leído y releído, que han acompañado a gente a viajes maravillosos. Yo los he llevado por compañeros de viaje a Swansea, a Budapest, a Bristol…a todas partes. He leído libros enteros en trenes y aviones. Les he devuelto la vida, los he impregnado de olores y manchas. Porque estoy de acuerdo en que los libros nuevos huelen bien a papel y cloro, a tinta… menuda fragancia. Pero los libros de las bibliotecas son especiales. Esos, y los de las tiendas de intercambio. Ayer mismo descubrí una en Granada y no olía asépticamente como las cadenas de librerías y los grandes almacenes. Ahí olía a libros que habían sudado, guardado polvo, viajado más que yo, libros que habían desgarrado el pecho de personas a las que nunca veré, libros que han conocido a gente que ya murió hace tiempo… es maravilloso.

Muchos de esos libros, además, están manuscritos. Y doblados, y rotos, y sucios… Desde luego, no seré yo quien afirme que eso está mal. Me gusta a veces encontrar libros en la biblioteca que tienen notas de otros lectores, e incluso impresiones al comienzo o al final. Yo también lo hago si un libro me marca. Lo hice con Matar un ruiseñor y El guardián entre el centeno, por ejemplo. Escribí algo en ellos, reforcé algunas de las notas y corregí ciertos comentarios. En un acto de vanidad sin precedentes, vi el ejemplar de La traición de Wendy que hay en la Biblioteca de Granada y lo cogí para comprobar si alguien lo había leído. No recordaba que en las bibliotecas de la ciudad ya no se estila la fichita con todos los lectores en primera página, pues ahora todo se ha automatizado (menudo aburrimiento, qué poco romántico). No obstante, cuál fue mi sorpresa al encontrar marcas de lápiz en la nota aclaratoria del comienzo. Al principio me indigné, pues pensé que esas líneas eran comas donde yo había puesto puntos (sé muy bien que en ocasiones abuso de las frases lapidarias y cortas). Así pues, eché un vistazo por encima para verificar si había más escritos. No encontré nada hasta la última página, donde en la esquinita superior izquierda alguien había escrito una serie de números. No hay que ser ningún Einstein para saber que los números remitían a las páginas del libro, y en todas esas páginas encontré señaladas pequeñas citas que a alguien le habían parecido curiosas, o interesantes o imprescindibles, nunca lo sabré. Yo no creía en eso de las citas de los libros hasta que empecé a señalarlas. El resultado de la búsqueda en La traición de Wendy es el siguiente, página a página:





• 7: “Pero hay dos corrientes: la pesimista dice que si todo está hecho, para qué intentarlo; la optimista dice que todo es una copia, una compilación de cosas que ya existían.”

• 51: . “De algún modo se dio cuenta de que las lágrimas también se agotan con el abuso.”

• 123: “nunca os amilanéis delante de un hombre porque en las mujeres está la vida.”

• 164: “Alguien dijo que Dios no debería permitir que nadie muriera si no era en un día de lluvia, porque son los únicos lo suficientemente tristes para cargar con el peso de las muertes.”

• 188: “Las promesas, ésas son el único tipo. Si una promesa se cumple, es una promesa. Si no se cumple, no existe y por tanto no es nada. Las promesas se hacen para cumplirse. Si una promesa se cumple, es. Si no, no es promesa ni es nada.”

• 231: “A las personas que cuando de niños leen mucho sólo les quedan dos opciones en la vida: volverse locos o escritores, que es una forma camuflada de locura.”

Como veis, citas para todos los gustos. La cuestión no está en la improbable calidad de éstas, sino en el mismo hecho de que existan, de que alguien se haya tomado la molestia de hacer de la novela una parte de sí misma, un apéndice que le devuelve la vida a un libro que, de no ser por sus lectores, estaría abocado a tragar polvo por los siglos de los siglos, y no hay cosa más triste que un libro en toda su capacidad al que tratan de inútil.

Por eso desde aquí os animo a que compartáis vuestros libros, los prestéis a amigos, los regaléis una vez leídos (yo llevo dos años regalando para Navidad y cumpleaños mi monstruosa [en todos los sentidos] biblioteca con tal de darles una segunda vida a mis pequeños amigos de papel). Es tan fácil como eso, o ir de vez en cuando a la biblioteca, llenar la mochila de libros y llevarlos al parque, a casa, a clase… en definitiva, a que vean mundo.

domingo, 16 de enero de 2011

Roo habla de La traición y de mí

A veces, cuando no lo sabemos, hay brujas que hablan de uno y a él le pica la oreja. Roo es una excelente escritora, una persona envidiable y una amiga perfecta. Y habla de mí, y a mí se me pone cara de tonto. Para ver lo que tiene que contar, pinchen en la foto:

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una noche en la Tertulia

 Hay veces en las que a los escritores se les acaban las palabras. La noche en la Tertulia fue mágica desde que comenzó. Me da miedo reconocer que soy poeta, de acuerdo, pero además compartir cartel con un artista a quien admiro como es Carlos Siles, pues... ¿qué más se le puede pedir a un debut tertuliano? Pues bien, para calentar la noche empecé contando un cuento que tiene lugar antes de esta traición, y que seguramente ya habéis leído. Luego poemas inocentes, poemas sucios, textos soeces... me emocioné en el escenario, me perdí. Menos mal que estaba ahí Nuria para ponerme manos e interpretar un poema en lengua de signos en un momento que considero bonito. Qué de cosas... Luego me quedé completamente desorientado. El pobre Carlos tuvo que venir a invitarme amablemente a dejar el escenario, que le estaba pisando su hora  xD
Pero ya me había dado tiempo a mandar un cadáver exquisito entre el público. Subió Carlos con una amiga que le hizo los coros, Bea,y nos dejó boquiabiertos como un flautista de Hamelin. Me hizo especial ilusión que cantara su "Canción nº 0", ya que es una de mis preferidas. Nos llevó de la mano de su Cenicienta, jugamos en un Tobogán, nos cantó algunas canciones que no aparecen en el disco y, para rematar la faena, nos cantó por Raphael. Ni más ni menos. Grande, grande Carlos. Tras el concierto recogí el cadáver exquisito y lo leí a los más pacientes. En negrita, lo único de Carlos (lo comencé con un verso de su canción) y mío, por eso de abrir y cerrar como un círculo:
Tu sombra es una casa con vistas al mar,
los estorninos se han escondido en tu ventana.
Mi sombra ya ni sé dónde reside.
¿Me ayudas a encontrarla?
A veces pensamos que nuestras
palabras no tienen un rumbo exacto,
como las hojas cuando caen en otoño
o las almas al irse entre los álamos
o las notas,
notas rojas pendiendo de aquella guitarra sumisa.
Y no te quiero tanto para saber que hay gente aquí a mi lado
¡que me des el olor a cremallera!
para poder buscarte por los bares
entre las colillas, las botellas, los cristales rotos y los pies inquietos.
El humo transparente y las calles repletas, tú a mi lado cogiéndome de
las manos... sonriendo con lágrimas en las mejillas... ¿puede ser algún
día?
Así que no me quieras tanto y quiéreme mejor
porque sólo soy un trozo de cristal
que se rompe si le das un golpe
AL SUELO!!! gritan todos
y la soledad invadió la sala al tiempo que dormían,
por fin el poeta se abrochó la bragueta;
ya puestos a mirar, a escuchar, a oír, a sentir
tu dulzura, tu voz, esa expresión inocua bajo la luna llena,
ternura rebosando paz, cálido tono y agudo sentido de
sensibilidad. Y acabar ahogados en humo y licor,
absueltos de ropa y culpa...

Y la noche no había hecho más que comenzar, de acuerdo, porque entre el público había rostros amigos venidos de cerca, de lejos, desconocidos anónimos que no se acercaron... en fin, un nutrido grupo de amigos. Acabé con varios amigos a las 2 de la mañana en el Mirador de San Nicolás, helado de frío pero contento, contentísimo tal vez pensando en el chocolate que íbamos a tomar en el Bohemia. Y tras eso, seguimos en el Ruido Rosa con una cervecita. Hasta que nos cerraron los bares. Pero vamos, creo que valió la pena, ¿no?

Yo en pleno éxtasis poético, muy informal

Nuria, "mis manos", y yo

Bea y Carlos Siles en plena "Cenicienta"

martes, 9 de noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

Entrevista en La Biblioteca Imaginaria

Os redirijo a ella, que les ha quedado muy mona. Reincido en el entusiasmo de Pedro, el autor de la entrevista y de la reseña que colgué antes. Para llegar a la entrevista, clicad aquí

Crítica en La Biblioteca Imaginaria

Publicada originalmente aquí.

Todos conocemos a Peter Pan de un modo u otro. Para los lectores de ficción es la novela de J.M Barrie, para los psicólogos es el nombre de un síndrome derivado de la propia obra. Pero para todos es un hecho: Peter Pan es uno de esos personajes universalmente conocidos y más aun si alguien como Michael Jackson reconocía tener algo del niño que no quería crecer e incluso vivía en un rancho llamado Nunca Jamás,Never Land, la tierra y escenario de las peripecias de Peter y sus amigos.


Pero ahora ocurre algo siniestro: la aventura del niño que no quería crecer y su amiga Wendy no se acaba donde Barrie puso el punto final. La aventura sigue y toma matices siniestros. En “La traición de Wendy(Editorial Berenice, 2010), José Alberto Arias consigue situarnos al borde de la locura con un ajuste de cuentas de tintes universales.


Wendy dejó a Peter pero ¿cómo le afectó este rechazo? ¿Habría en Peter una reacción violenta por este abandono? José Alberto Arias cree que sí y desarrolla en esta novela inteligente una trama que no les dejará indiferentes.


Peter Pan, despechado, convierte la Isla de nunca Jamás en una suerte de territorio del horror, violento en donde las muertes terribles de los niños que allí llegan se convierten en la tónica natural, un lugar al cual se llega de una de dos maneras: o por la muerte o por la locura (pág. 155).


Pero que esta sucinta descripción del marco de la novela no les despiste. En el fondo tenemos en esta brillante novela una historia de amor que termina derramándose de manera terrorífica y angustiosa. Esta obra es un excelente catálogo de la transformación del ser humano, del cambio que se opera cuando lo que más queremos falla.


José Alberto Arias construye unos personajes muy bien definidos psicológicamente. Aquí lo fundamental es la supervivencia y la actitud ante la adversidad es un punto a favor para los que han caído en las garras de Peter. No se detiene el autor ante las consecuencias de una personalidad oscura y atormentada, no se arredra ante la brutalidad de un ser humano traicionada y abandonado, con el poder absoluto sobre los que le rodean.


Las imágenes del sufrimiento en Nunca Jamás son brutales. Horrorizan las posibilidades de la maldad. Pero en esta novela no son un ejercicio de autosatisfacción artística de un autor sádico: se trata de dejarse llevar por la personalidad de un Peter Pan que se lleva a sí mismo y a los lectores hasta las últimas consecuencias de su lógica vital. Por todo ello estamos ante un autor hábil, consciente de fidelidad que se debe tener con la manera de ser de sus personajes y que no fuerza situaciones que convertirían la historia en un mero conjunto de palabras.


Kate y Ruth son las otras protagonistas de esta novela, hermanas y muy inclinadas a la lectura, sobre todo la mayor, Ruth. Un personaje de mucha fortaleza y valentía, elementos del carácter que le salvan la vida después de todo. Todo es lo que debéis descubrir sin falta. No se arrepentirán, o sí…


Esta es una novela atrevida, que mira a Barrie y su mito y busca si revés sin renunciar a nada, a ninguna posibilidad. Atrevida y muy plástica, “La traición de Wendy” está llena de grandes momentos cinematográficos dignos de Tarantino, los Cohen o el mejor Alex de la Iglesia. Un acierto que lo premiaran con el Andalucía Joven de Narrativa 2009 y un acierto será seguir de cerca la carrera de este joven valor de las letras españolas.


Créanme, nada será igual después de leer “La traición de Wendy”: los sueños serán pesadillas y dormir se les hará más difícil. Pero no se fíen cuando despierten y parezca que todo ha pasado: una sombra suelta puede andar rondado por el dormitorio.


Pedro Crenes Castro


 

lunes, 18 de octubre de 2010

El dulce despertar de Wendy

La dulce Wendy abrió los ojos y se los restregó tras el largo sueño. Entonces recordó. Recordó a Peter Pan, a su hija Jane, recordó Nunca Jamás y que se encontraba enterrada. Ni siquiera intentó patalear o romper la lápida. Se despegó la tela del pecho y pensó en cosas alegres. Así era Wendy. Muerta como llevaba años, enterrada en el límite del Gran Desierto de Nunca Jamás, ausente, en lugar de aterrarse y gritar y arañarse la cara como hacían los demás, pensó en amapolas y besos y rayos de sol. En el olor a pan. En los cachorros de Nana. A veces suceden acontecimientos tan extraordinarios que van más allá de la lógica. Nunca Jamás era gris, puedes verlo cubierto de ceniza, sin árboles, sin animales, sin hadas… Es un sitio frío y horrible. Pero en algún lugar, en el capullo de una margarita que aún no ha florecido un hada chiquita, muy pequeñita, nace. Es verde y apenas brilla. No tiene nombre aún. Las hadas no deben tener nombre, porque cuando reciben un nombre pierden un poco de su magia. Pero esta hada es distinta: como ha nacido en una situación tan especial, le pondremos nombre. Sándalo. Se llamará así. A su paso va dejando un leve rumor, un olor delicado y extraordinario a sándalo. El olor atrae a las demás hadas. A las viejas, que llevan ocultas años entre la hojarasca junto a los ratones, y a las jóvenes, que viven en gotas de agua y forman el rocío cuando la magia se lo permite.
            Por primera vez en años comienza el Desfile de las Hadas. Atraviesan el bosque con ruido y jolgorio, como si estuvieran —que lo están— un poco borrachas. Lo van manchando todo de color y algunos animales abren los ojos y sonríen. “Hola, señor zorro, bonito pelaje naranja”. “Señor hurón, sonría un poco más y quítese las gafas, que han vuelto las hadas”. Abandonan el bosque y cruzan tooooooooodo el desierto con los surcos que van dejando, como un puñado de puntos suspensivos.
            No tardan en encontrar a Wendy, pues es la única persona en Nunca Jamás capaz de pensar en cosas alegres. Pastas de mantequilla, una gramola, libros llenos de dibujos, caracolas que hablan del mar, cosquillas, fresas maduras, zumo de uva, más cosquillas…
            —¿Y Campanilla? —preguntó Wendy a Sándalo, pero éste no la conocía. Y es que aunque Wendy y el hada luminosa habían tenido sus rifirrafes, en el fondo eran buenas amigas porque ambas querían al Niño Eterno.
            Wendy le dio una patada pequeña a la losa y ésta cedió, pues las hadas tiraban de ella con tanta fuerza que hasta lanzaban chispas. Parecían fuegos de artificio. Entonces les preguntó por los niños y Hada Madre se acercó y murmuró algo a su oído. Los ojos de Wendy se abrieron muchísimo, como si le hubieran contando una sorpresa estupenda.
            —¡Pues llevadme con ellos a más tardar!
            Las hadas, además de ruidosas, son muy desorganizadas. Cada una empezó a tirar del vestido de Wendy en una dirección contraria. A ella le entró la risa hasta que se fijó en Sándalo, tan chiquita y tímida como era, que se había colocado en la punta de su nariz y la hacía bizquear.
            —Tú me llevarás con ellos.
            —¿Yo? —dijo Sándalo muy halagada, y se puso un poco roja.
            —Vamos, llévame.
            La guiaron hasta un arroyo donde pudo darse un baño y jugar con los salmones y las truchas que hacían años que no veían unos pies a los que hacer cosquillas. Wendy se recogió el pelo —lo tenía larguísimo— en una trenza que liaron dos hadas, pero se dejó un bucle en la frente, como esos mechones que se les escapan a las niñas cuando llevan un rato jugando.
            —Vaya, recuerdo este río. Es el… ¡el Riachuelo de Kidd! ¿Qué otro podría ser, claro está? Veníamos a chapotear aquí con los Niños Perdidos y con Peter…
            A pronunciar este nombre las hadas se callaron y quedaron suspendidas en el aire: la que estaba a dos palmos del agua seguía a dos palmos del agua, la que patinaba sobre un junco ahí estaba, como si le hubieran pegado los pies, y la que se había enamorado de una mosca ahí estaba, abrazada a su moscardón negro.
            Wendy, al ver que las había asustado, silbó una cancioncilla que sabía de niña. Las hadas se pusieron a silbar con ella: las había que desafinaban tantísimo que se tenían que tapar los oídos ellas mismas, y también a las que nadie les había enseñado a silbar y sólo hacían pedorretas. Sándalo, por ejemplo, infló los carrillos, apretó los labios, cerró los ojos y sopló:
            —¡Prrrffuffiuffff…Zrrrrom!
            —¡Pero qué pedorreta más bonita! —exclamó Wendy, y todas las hadas empezaron a reír. —¡Oye! ¿Se puede saber qué haces?
            Un hada trataba de confundir a su sombra, que ya se alejaba por otro camino. El hada se encogió de hombros, le lanzó un par de besos y colocó a la sombra donde le correspondía, bien pegada a los pies de Wendy. Pasaron junto a un membrillo con unos frutos enormes, aunque no se atrevió a probarlos, ya que Wendy era buena conocedora de la acidez de una mala fruta.
            —¿Se oyen voces?
            —¡Niños! —dijo un hada, y todas lo repitieron. —¡Niños! ¡Niños! ¡Niños! ¡Niños! ¡Niños! ¡Niños! ¡Niños! ¡Niños!
            —¡Guiños! —dijo Mamá Hada, que estaba algo sorda.
            Efectivamente, eran niños del poblado. Niños Perdidos, no podían ser otra cosa. Vestían con pieles y llevaban la cara y los brazos manchados de barro y carbón. A Wendy se le aceleró el corazón bajo el pecho. Niños después de tanto tiempo. Wendy corrió hacia donde estaban ellos, pero al verla las cosas se torcieron. Empezaron a gritar y a correr hacia todas partes con gesto aterrado.
            —¡No corráis! ¡Soy Wendy, soy yo! ¡He vuelto! ¿Nadie se acuerda ya de mí en Nunca Jamás? —dijo Wendy, y sus ojos se inundaron de lágrimas.
            —Eres una mujer. Y estás muerta —dijo un niño rubio con ojos de auténtico pavor.
            Wendy se miró bien las manos y las encontró huesudas y muy blancas, y se miró las piernas y no podía ver más que el hueso y heridas sobre la piel. Y no sólo eso. Se tocó el pelo y lo notó, ya seco, muerto y desvaído. Empezaron a caer mechones. Y le faltaban dientes, y en la nariz no tenía carne, sólo hueso. No le extrañaba que se hubieran asustado tanto.
            —Pues la magia de Nunca Jamás me ha traído para algo —explicó, y les tendió la mano huesuda. —Además, tengo un hambre… ¿Dónde quedó la hospitalidad de los Niños Perdidos? Traedme ciruelas y uvas, y unos huevos y un trozo de pavo bien asado.
            Los niños comenzaron a correr en todas direcciones, y en menos de un periquete le tenían preparado un bodegón propio de un pintor flamenco. Wendy se metió una manzana en la boca, y al morder se le descolgó la mandíbula, pues el hueso estaba disuelto. Se le quedó una cara horrenda, de monstruo, pero se colocó la mandíbula con las manos y gritó:
            —Con este manjar me habéis dado una sorpresa que se me ha abierto la boca demasiado.
            Entonces todos rieron, y comprendieron que Wendy era buena. Esa noche, antes de dormir, ella les contó una historia, la historia de unos ratones. El Señor Ratón estaba preocupadísimo porque a la Señora Ratón no le gustaban nada las raíces, sólo los frutos, así que se tenían que mudar, pero él tenía vértigo y un pánico terrible a las alturas. La Señora Ratón se cansó de los tallos y raíces y le dijo que ahí se quedaba, con los señores Topo. Pasaron los días y él sólo podía pensar en ella.
            —Y entonces decidme qué creéis que pasó —preguntó Wendy, aunque casi todos los niños ya estaban dormidos.
            —Que el Señor Ratón se casó con la señora Topo —dijo uno.
            —El Señor Ratón rascó mucho, tanto que se comió todas las raíces del árbol donde vivía ahora la Señora Ratón, y el árbol cayó y pudieron estar juntos en un árbol sobre el suelo para siempre.
            A Wendy eso le encogió el corazón, no porque fuera demasiado sensible. Sencillamente ese mismo final era el que siempre contaba Jane antes de dormir. Wendy empezó a llorar y a llamar a Jane a gritos, y los niños se despertaron y empezaron también a llorar y a llamar a Jane a gritos.
            —¡Silencio! —dijo una voz.
            Todos miraron al claro de donde procedía ese grito. Peter Pan estaba ahí, con su espada en el cinto, su traje de hojas y los brazos en cruz.
            —¡Peter…!
            —Vaya, Wendy, así que nos volvemos a ver.
            —Peter Pan, ¿dónde está Jane? Ayúdame a encontrarla.
            —Yo no sé quién es esa Jane, y aunque lo supiera nunca ayudaría a nadie a encontrar a una niña estúpida.
            —Por favor, Peter. Sé que la trajiste aquí. Me lo han dicho las hadas.
            —Esas chivatas… No te fíes de ellas. Y repito lo que te dije: no conozco a Jane. Nunca Jamás sólo ha sido pisado por una  niña, y ésa eres tú, Wendy Darling.
            —¡Miente, miente como un bellaco! —dijo uno de los Niños Perdidos. —A traído a muchísimas niñas.
            —¿Alguna se llamaba Jane? —preguntó Wendy entre sollozos.
            —¿Alguna se llamaba Jane? —repitieron los Niños Perdidos entre sí.
            —Una se llamaba Jane. La primera se llamaba Jane —respondió un niño.
            —¿Mi Jane? ¿Era mi Jane, Peter Pan? —preguntó, desesperada.
            —¡No conozco a ninguna Jane! Aquí sólo has venido tú, Wendy… —al pronunciar el nombre bajó el tono de su voz —… la Única Niña que Pisó Nunca Jamás —explicó, y en este punto se acercó a ella y le tocó la cara hundida con un dedo.
            Todos los observaban absortos. Los niños, las hadas, los animales, los árboles. Algunas flores abrieron más los pétalos para no perder detalle.
            —Pero creciste, Wendy… —Ahora el que lloraba era él. —Te dije que volvería a por ti, ¿sabes? ¿Y sabes qué? Volví, Wendy, volví a la maldita Londres.
            —Chist… lo sé —susurró ella.
            —Pero tú ya… —Peter se puso de puntillas para hablarle a los ojos —tú eras una mujer. Ya no sabías, no querías volar.
            —Todos queremos volar, Peter. Todos.
            —¡Me dejaste solo! —estalló él, y toda la isla lloró.
            —Siento mucho no haber vuelto, Peter Pan. Me llegó la hora de crecer, eso es todo.
            —Pudimos ser grandes.
            —Los más grandes —acordó ella. —Lo fuimos, Peter Pan.
            Ella sonrió con dulzura, pero ya era tarde. Estaba descompuesta, estaba muerta, y aunque en Nunca Jamás no se crece, los muertos no crecen. Ya están muertos.
            —Me tengo que ir, ya para siempre.
            Todo el séquito acompañó a Wendy hasta el desierto, y cuando se disponía a entrar en esa caja horrible de madera podrida Peter la tomó de la mano y le dijo: Ven conmigo.
            Todos les siguieron. Fue maravilloso: Wendy voló por última vez hasta el Cementerio de Elefantes, cerca de las minas de Nunca Jamás. Peter posó a Wendy en el suelo con delicadeza y le dijo que esperara. Ella se sentó en una piedra a esperar, y entonces volvió a sentir el crujir del estómago. Pero ella no tenía hambre… Se levantó el vestido, se estiró y su vientre se rompió. Literalmente, la carne se abrió por el ombligo y empezaron a salir ratones de dentro.
            —Así que era esto —dijo Wendy con tristeza, y observó a los ratones perderse por sus piernas. —Un nido de ratones…
            Al poco empezaron a llegar las hadas y los niños, muy sudorosos tras cruzar el desierto.
            —¿Y te ha dejado aquí? —preguntó un tal Presuntuoso.
            —Esperaré —dijo ella, y todos se sentaron en corro. Sándalo no dejaba de hacer pedorretas, y los niños de bostezar, pues recordad que era plena noche. Así, Wendy les contó todos los cuentos que conocía, aquellos que les contaba a sus hermanos Michael y John. Estaba contando una historia aterradora sobre un cocodrilo que llevaba dentro un reloj cuando llegó Peter. No estaba solo.
            —Me ha costado encontrarla y despertarla —dijo él.
            Wendy no lloró porque sus ojos estaban secos, pero a punto estuvo de desmayarse cuando vio a la pequeña Jane en su camisón.
            —Está un poco muerta, pero algo es algo —explicó el niño.
            Así estaba la pobre Jane. Esquelética, con gusanos por todas partes, las costillas clavadas en el camisón, los huesos podridos… pero nada de eso le importó a Wendy, como a las madres no les da asco de nuestros mocos, ni de la caca de los bebés (es parte de su magia: son las únicas capaces de soportar ese olor), ni les da miedo de nuestras heridas ni de beber de nuestro vaso. Wendy cogió a Jane en brazos y la apretó tanto que se le descolgó un brazo.
            —¡Mamá! ¡El brazo!
            —Jane, mi Jane… hija mía, ¿cómo estás?
            —Muerta.
            —Yo también, Jane, pero eso está bien. Estamos juntas.
            Los niños aplaudieron a los dos cadáveres andantes como si fuera lo más normal del mundo.
            —Creía que no te iba a volver a ver nunca —dijo Jane. —Jane, cuando desapareciste yo… bueno, siempre creí que había sido Peter Pan, pero me quedó la duda. No sabes lo terrible que es para una madre no saber qué fue de su hija.
            —No me acuerdo —replicó Jane. —No me acuerdo de nada, nada. De papá ni de su cara, de los abuelos, del perro, ¿teníamos perro? De ti sí me acuerdo.
            —Porque me trajo Peter aquí, pero es mejor que no recuerdes nada.
            Jane se desvaneció por un momento entre los brazos de su madre y Peter se abrió paso entre la multitud.
            —¡Ya está bien! Se acabó el circo, es hora de despedirse.
            Jane volvió en sí, pero estaba muy pálida; Wendy también se empezaba a sentir mal. Un último ratón saltó de su ombligo.
            Peter apartó unos helechos y destapó un agujero inmenso en la tierra.
            —¡Niños, todos a dormir! ¡Hadas, no seáis tan pesadas! De vuelta a vuestro sitio.
            Todos los niños abrazaron a Wendy y le dieron las buenas noches, y las hadas le besaron las mejillas y le dejaron la cara brillante, como cubierta de purpurina. Cuando se quedaron los tres solos, Wendy habló con Peter:
            —¿Por qué haces esto, Peter?
            —Porque he sido malo. Algunos días me despiertan las pesadillas, Wendy. Y me acuerdo de cosas que ni siquiera he hecho, y es como si viera a alguien que se me parece mucho hacerlas. Y yo no quiero ser malo, Wendy.
            —Tú no sabes ser malo —bromeó ella.
            Jane observaba asombrada lo bien que se llevaban Peter Pan y su madre, tal y como siempre le había contado… aunque no se acordaba muy bien.
            —Buenas noches, Jane —dijo Peter, y le tendió la mano.
            Jane lo besó en la mejilla y sonrió en silencio.
            —Buenas noches, Wendy —dijo el niño, y volvió a tender la mano, pero ella tiró con fuerza.
            —Buenas noches, Peter Pan —dijo, y le plantó un besito en los labios. Para el que no conozca el tema, Wendy Darling había nacido con un beso en la mejilla. Ese beso habría de ser para Peter, claro está.
            —Un dedal —articuló él en silencio, y el recuerdo, la memoria por estímulos, Proust y Freud y demás historias, hicieron que se sintiera un poco mareado. —Podéis dormir aquí juntas.
            Les señaló el agujero en la tierra que todo, un detalle, había llenado forrado con césped verde y tierno. Madre e hija entraron, se abrazaron y se quedaron dormidas como dos amantes, una contra la otra. Peter arrastró entonces una losa blanca, de mármol, y la colocó justo encima. Oyó a los lobos y los coyotes lejos, pero le importó bien poco. Tomó una piedra afilada y se sentó sobre la tabla, pero oyó un zumbido y tuvo que levantarla por una esquina. Entonces salió volando un hada verde, que había aprovechado para dormirse un poquito sobre el césped, y se alejó abochornada. Peter aprovechó esos centímetros para mirar los rostros serenos de Jane Haggard y Wendy Darling, la Niña que lo Cambió Todo, y cerró para siempre.
            Esa noche, Peter Pan no durmió. La pasó entera tallando sobre el mármol: WENDY DARLING con su letra infantil. Cuando amaneció y el calor empezó a molestarle, Peter Pan abrió los ojos completamente desorientado. Miró la tumba con indiferencia e imitó el canto de un gallo:
            —¡Quiquiriquí!
            No recordaba nada. Sólo podía pensar en una cosa: cuando llegara la noche, volvería a Londres. Wendy Darling había dicho que sí, que le gustaría vivir con él en Nunca Jamás, y cumpliría su promesa. Vaya si la cumpliría.

           
           
En el límite del desierto, el chamán trataba sin éxito de despertar a Tigridia, pero la jefa seguía ida del todo, con los ojos en blanco y ese murmullo ininteligible. Le sostuvo las manos entre las suyas una luna, dos lunas, muchas lunas, pero habría de pasar todo un año hasta que Tigridia volviera en sí del coma. Nunca sabría si el esfuerzo había resultado.

In memoriam -Susanne